Who am I?

Siempre me atrajo el mundo de las relaciones laborales. Quizá porque mi abuelo materno, socialista, ferroviario y trabajador incansable, me hizo tempranamente consciente de los conflictos del trabajo o porque entrando yo en la pubertad me impresionaron los detalles del injusto despido de mi padre, a mediados de los 80. Pero, a mí los planteamientos ideológicos en torno a la cuestión laboral pronto me parecieron insuficientes e insatisfactorios, y rápidamente me incliné por un punto de vista pragmático, sobre todo a raíz de cursar mis estudios de la Licenciatura de Derecho, en cuyo último año, allá por 1996, reafirmé mi vocación por las relaciones laborales, aunque ya volcado en un enfoque jurídico.

Mi expediente académico me permitió acceder a una beca predoctoral FPU del Ministerio de Educación y Ciencia, que disfruté desde 1997 a 2000 adscrito al Departamento de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universitat de València. Durante estos años de especialización e investigación, profundicé teóricamente en muchos conceptos del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Realicé los correspondientes cursos de doctorado y mi Trabajo de Investigación (entonces, Tesina), que versó sobre el desarrollo de la negociación del convenio colectivo estatutario. Finalmente, en 2002, defendí ante el correspondiente tribunal mi Tesis Doctoral, dedicada a los problemas de calificación del grado de incapacidad permanente para el trabajo y de minusvalía, obteniendo el título de Doctor en Derecho con la calificación de sobresaliente cum laude. Todos estos pasos que iba dando parecían encaminarme decididamente hacia la profesión de docente universitario y autor de refritos teóricos sobre la normativa y jurisprudencia laborales. Así habría terminado de no ser porque el acceso a una plaza laboral estable o funcionarial en la Universidad, con un salario digno, nunca estuvo a mi alcance, porque jamás iba a depender de los méritos profesionales que llegase a reunir. Más bien al contrario, al margen de dichos méritos, en mi Departamento existía un orden de colocaciones de los pupilos de cada catedrático más o menos pactado entre los cátedros, en función de complejos compromisos personales, vasallajes, favoritismos, amistades y subjetividades varias que, obviamente, se pasaban por el forro los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad. Yo nunca iba a entrar en la lista de los elegidos, no sé si por tener un catedrático Director de Tesis al que nunca le importé un pimiento o ser yo menos guapo o por ser de peor estirpe o por ser menos amiguete. El caso es que el sistema establecido no contaba conmigo.

Estaba claro que la Universidad no era mi sitio y, aunque tardé en asumirlo, fue mi mejor decisión profesional dejar la carrera docente e investigadora y lanzarme a la empresa privada, reciclándome para el ejercicio como abogado laboralista. La oportunidad de hacerlo me llegó en 2003 de la mano de J&A Garrigues, S.L. Durante cuatro intensos años dediqué mis esfuerzos al asesoramiento recurrente y defensa letrada en juicio de empresas clientes del Despacho, trabajando y mejorando profesionalmente junto a un equipo de compañeros/as, grandes abogados, de los que aprendí mucho. En todo este tiempo, el impresionante know how y el estilo de este despacho de abogados estuvieron a mi alcance y coadyuvaron a forjar el profesional del Derecho que soy hoy día.

Pero, el tiempo pasaba y cuando te dedicas a asesorar a diario a Responsables de Recursos Humanos de empresas y lo haces desde la rigurosa perspectiva del técnico del Derecho, no tardas en percatarte, si sigues la secuencia de los hechos hasta el final, de que tu visión de las relaciones laborales, como mero jurista, es incompleta; que una decisión “laboral” en el seno de la empresa no se puede componer sólo de valoraciones y/o prioridades legales, y menos aún si provienen de alguien externo a la empresa. Por estas y otras razones, mi interés por la gestión de personas en el ámbito de la empresa fue creciendo y, mientras trabajaba para Garrigues, cursé un postgrado en Dirección de Recursos Humanos que concluí en noviembre de 2007. Esta nueva materia para mí aportaba variables novedosas a mi trabajo estrictamente jurídico y me animaba a dar un viraje profesional a mi carrera, planteándome el salto a un departamento de recursos humanos de una empresa.

Y así fue como dejé Garrigues y pasé a la gestión de personas. Hoy soy Responsable de Recursos Humanos en una organización importante. He incorporado a mis quehaceres responsabilidades nuevas -no jurídicas- (selección de personal, evaluación del desempeño, etc…), que procuro afrontar con sentido común y leyendo sobre la materia. Pero, sin duda, sigue siendo mi mayor valor el conocimiento jurídico laboral que puedo aportar a los directivos y mandos intermedios de la empresa.

De un perfil como el mío, de abogado laboralista reciclado para la dirección de recursos humanos, esperan, principalmente, que informe a la dirección de la empresa y a sus mandos intermedios, con equipos de trabajadores a su cargo, sobre qué derechos y qué obligaciones tienen las personas de la empresa como trabajadores que son. El director o gerente de la empresa y el responsable de cada departamento esperan que les enseñe lo que se puede y lo que no se puede hacer desde el punto de vista legal. Antes que nada, la relación de trabajo es una relación jurídica, basada en un contrato, y mi papel ahora no es el de abogado sin más, que regatea hábilmente con la información que da para sacar el mayor provecho posible, sino el de quien debe aportar el mayor valor posible para mejorar los resultados de la organización.

Quien ocupa la posición de “jefe” de una división de la empresa quiere que alguien con mi responsabilidad le informe sobre la legislación laboral y sus interpretaciones, sobre sus modificaciones y sobre los principios del Derecho del Trabajo. No quiere el jefe comercial que Úrsula (una comercial de su equipo) tenga que preguntar al departamento de recursos humanos los días de permiso retribuido que le corresponden por la enfermedad de su madre ni que sea dicho departamento quien firme la autorización correspondiente. Quiere ser él quien lo haga, como responsable directo de las personas de su equipo y, más concretamente, de los resultados obtenidos por el esfuerzo de todos ellos. Quiere el jefe comercial que yo le explique cuántos días de vacaciones corresponden a su personal, si está obligado a darles la formación durante la jornada laboral, si puede sancionar por bajo rendimiento o si puede flexibilizar la jornada.

Y para este fin, para informar sobre estas cuestiones, he decidido escribir en este blog. Querría que quienes tengan responsabilidades sobre equipos de trabajadores encuentren en este bitácora orientación para resolver sus dudas jurídico laborales.

Gracias.

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